martes, 20 de noviembre de 2012



DOCUMENTO QUE COMPARTE EL DOCTOR MATHEOS
 GRACIAS 
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA FILOSOFÍA EN EL MARCO DE LAS POLÍTICAS Y TENDENCIAS EDUCATIVAS ACTUALES[1]

José Antonio Mateos Castro[2]
pastiche11@hotmail.com

                                  
Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte'.

José Saramago


Las transformaciones en la Educación Superior, a nivel Internacional como en México, tienen un trasfondo en el que convergen un conjunto de elementos que condicionan con fuerza tanto interna como externamente. Nuestras sociedades se complejizan y requieren de instituciones que contribuyan al manejo de diversas situaciones que tornan difíciles los escenarios presentes y, seguramente futuros. Fenómenos mundiales como la globalización, las crisis económicas, los problemas ambientales y la incesante emergencia de innovaciones tecnológicas, que al mismo tiempo que facilitan la vida y potencializan la interacción humana, producen contradicciones a nivel individual y colectivo.
            Tales circunstancias del entorno internacional y nacional, de manera concreta se reflejan en la educación superior con la apertura del mercado laboral de servicios profesionales, así como las nuevas condiciones internas a las que las instituciones de educación superior se ven sometidas, planteando la necesidad de flexibilizar, expandir, mejorar y hacer compatible el desarrollo de las instituciones entre sí y del sistema de educación superior mexicano con el de otras realidades, con los nuevos requisitos y con los tiempos negociados para el reconocimiento internacional de títulos y grados. Aspectos que de una u otra manera ejercen presión en las reformas de la educación superior desde los organismos financieros internacionales; imponiendo políticas educativas, discursos e imaginarios sobre la excelencia, la calidad, la productividad, la eficiencia, el éxito, la competitividad, que más de las veces se les considera como atributos ontológicamente necesarios de la educación.
            A partir de los años noventa se enfatizan las prácticas de planeación, evaluación, certificación y acreditación, practicas que siguen presentes en la vida de las Instituciones de Educación Superior de nuestro país. Estas son una de las razones por las cuales hoy intervienen en la educación organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCD)[3], el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)[4], entre otros, definiendo el telos y las prácticas de la educación en todos los niveles. Es así, que la educación superior mexicana opera en un nuevo escenario de competencia mundial, que es más visible en el marco de los tratados comerciales como el de Libre Comercio de Norteamérica y la incorporación a organismos internacionales[5].
            Dentro de esta aldea y gobierno global, emerge una propuesta educativa mayormente pragmatista que responde a un cambio fundamental de las sociedades capitalistas postindustriales [Mateos, 2011: 27]: El “saber”, fundamentalmente el conocimiento científico-técnico, aparte de ser mercantilizado, se convierte en la principal fuerza de producción. Ante este hecho la concepción pragmatista de la educación propone que la universidad abandone su concepción humanista y se oriente a los principios y lógica del mercado (utilitarismo, ganancia, pragmatismo) global.
Es por lo anterior que la evaluación[6] en la educación superior será sustantivamente un elemento esencial de la modernización de la economía en un Estado modernizador y evaluador. La visión de la calidad de la Educación regulada desde los ejes del financiamiento y la evaluación, son un fenómeno de preocupación global [De Vries, 1999], ya que vincular evaluación y financiamiento somete a las IES a cumplir y mejorar indicadores para adjudicarse recursos económicos combinado con elementos punitivos a las instituciones que no cumplan con los criterios establecidos.
Esta visión empresarial de las políticas del Estado evaluador[7] configura a cada IES como un proceso de producción en donde la calidad de los productos está ligada con la evaluación que permitan a las instituciones conocer sistemáticamente los aciertos y desviaciones de su proyecto académico. Con lo anterior, la acreditación de programas, la planeación estratégica y la transparencia configura un nuevo régimen de gobierno del sistema de educación superior, que ha perdido desde nuestro punto de vista, su dimensión y finalidad esencial, a saber; mejorar aciertos y retroalimentar a las instituciones.
Este contexto provoca un proceso constante de desgaste de las IES, modificando las tareas sustantivas que se le habían adjudicado y tratando de conservar los principios de libertad de cátedra, investigación y su labor social. Además de que se plantea la necesidad de reorientar a la educación superior y la enseñanza de la filosofía en la universidad, ya que no se puede eludir a responder a esta nueva política educativa.
La educación superior enfrenta entonces, el desafío de fortalecer sus objetivos esenciales y de encontrar un equilibrio entre lo que implica la inserción en la comunidad internacional y la atención a las circunstancias propias; entre la búsqueda del conocimiento por sí mismo y la atención a necesidades sociales; entre fomentar capacidades genéricas o desarrollar conocimientos específicos; entre responder a demandas del empleador o conservar sus tareas históricas. Para pensar el asunto,  recuperamos lo que sustenta la UNESCO al respecto.
Este organismo internacional en la conferencia de 1998, afirma que la educación superior no sólo es un elemento de la economía global, sino también es un bien público, un elemento de justicia social. Ahí se señala la necesidad de renovar la educación superior para que la sociedad, que sufre una profunda crisis de valores, pueda trascender las consideraciones meramente económicas y asumir dimensiones de moralidad. Es por eso que también se asevera la pertinencia de formar ciudadanos que participen en la sociedad y estén abiertos al mundo, y para promover el fortalecimiento de las capacidades y la consolidación en un marco de justicia de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la democracia y la paz, valores que muchas de las veces se dejan de lado en el contexto de las competencias. Proporcionando así perspectivas críticas y objetivas a fin de propiciar el debate sobre las opciones estratégicas y el fortalecimiento de enfoques humanistas.
Podemos decir que esta concepción humanista, propone orientaciones generales para la educación superior, de las cuales rescatamos sólo algunas: 1) Promoción del saber mediante la investigación en los ámbitos de la ciencia, el arte y las humanidades y la difusión de sus resultados. 2) Orientación a largo plazo fundada en la pertinencia. La pertinencia de la educación superior entonces debe evaluarse en términos de la adecuación entre lo que la sociedad espera de las instituciones y lo que éstas hacen. Reforzando así sus funciones de servicio a la sociedad. Y 4) Métodos educativos innovadores: pensamiento crítico y creatividad.
La propuesta concreta es formar estudiantes para transformarlos en ciudadanos informados, provistos con sentido crítico y capaces de analizar los problemas, buscar soluciones, aplicarlas y asumir responsabilidades sociales. Para ello será necesario superar el mero dominio cognitivo de las disciplinas, es decir, propiciar la adquisición de conocimientos prácticos y aptitudes para la comunicación, el análisis creativo y crítico, la reflexión independiente y el trabajo en equipos en contextos multiculturales. La enseñanza de las normas relativas a los derechos humanos y la educación sobre las necesidades de las comunidades del mundo entero deberán quedar reflejadas en los planes de estudio de todas las disciplinas, especialmente las que preparan para las actividades empresariales.
A la par de lo dicho, en el libro, La filosofía, una escuela de la libertad. Enseñanza de la filosofía y aprendizaje del filosofar: la situación actual y las perspectivas para el futuro[8]. En él podemos encontrar también algunas respuestas con respecto al papel de la filosofía en la sociedad contemporánea.
En el texto se considera que una disciplina clave de las ciencias humanas es la filosofía, ya que ella se encontraría en el cruce de caminos del devenir de los individuos. Porque más allá de un saber, se trata de un «saber ser». La educación filosófica, con su carga formativa, puede ser abierta y eficaz solo cuando se nutra de los debates en curso que reflejan los problemas siempre nuevos que se plantean a nuestras culturas, y enseña a los alumnos a confrontarse con una diversidad de enfoques y posiciones teóricas. En ese sentido, la actualización de los contenidos de la enseñanza es una condición necesaria para que la formación filosófica no se reduzca a una suma de preceptos morales o de nociones históricas. Una filosofía que se encierra en sus propios claustros, no tiene nada que decir a los estudiantes de otras facultades, es una filosofía debilitada que perderá el lugar que ocupa en los planes de estudio, la universidad y, sobre todo, en la sociedad.
Porque cuando la filosofía es reducida al aprendizaje doctrinario, independientemente de la calidad de los contenidos, se transforma inevitablemente en el vector de un dogmatismo más o menos declarado, que traiciona la esencia misma de la filosofía, que es la de poner en cuestión lo dado, lo supuesto, lo establecido. No obstante, la índole epistémica de la filosofía, su función esencial que consiste en extrapolar estructuras teóricas subyacentes a los objetos culturales, saca su vitalidad del hecho de afrontar los problemas concretos de la vida de las personas y de las sociedades. La educación para la ciudadanía que ofrece la filosofía ayuda a afrontar todas las situaciones que exigen recurrir a una jerarquía de valores. La toma de conciencia de la naturaleza de nuestras elecciones, la capacidad de modelar nuestras acciones según una ley moral y, por ende, de asumir a cada instante una responsabilidad humana y ciudadana, todo ello es el resultado de una educación basada en la enseñanza de la filosofía. De esta manera la filosofía ayuda a los individuos a comprender la complejidad de la experiencia humana.
La educación filosófica enseñanza a aprender a comprender el sentido múltiple de la acción humana, poniendo así al individuo en condiciones de juzgarla no sólo por reacción ante los efectos que produce, sino, también y sobre todo, en el contexto de una dinámica intersubjetiva más amplia, en la que cada individuo no es más que un actor entre muchos otros. La enseñanza de la filosofía encuentra su razón de ser en la liberación de la subjetividad de sus determinaciones particulares, esto es, en la capacidad de abrirse a los demás y transformar un choque entre finitudes cerradas en una interacción racional y abierta. Esa educación en el pensamiento crítico desempeña un papel esencial en la organización democrática de las sociedades contemporáneas, que no es otra cosa que  la protección de la racionalidad.
Por lo dicho, consideramos que la enseñanza de la filosofía no se puede evaluar solo en función de los imperativos históricos que pueden identificarse en un determinado proceso en curso. También cumple con su función en las formas de pensamiento que inspira, mediante las cuales nos enseña en términos de modalidades de análisis y de elaboración de nuestra experiencia de vida.
La educación filosófica es siempre una crítica de las culturas. Cuando se pone al servicio de la libertad, no se propone reemplazar unos contenidos éticos, culturales o políticos por otros, sino que ofrece una crítica focalizada y radical de todo corpus cerrado de creencias, de preceptos o de dogmas. Cuando una enseñanza filosófica se reduce a un adoctrinamiento ético, traiciona entonces su función liberadora. Por ello, la enseñanza de la filosofía sigue siendo el campo decisivo de una batalla entre saber formal, con la moralidad libre y abierta que lo acompaña, y saber dogmático, acompañado por un moralismo autoritario. La formación en la filosofía no puede tener otro objetivo que el de una «emancipación que libere del saber ilusorio» y una crítica de ese mismo saber.
La filosofía, nos enseña de algún modo un lenguaje racional universal, que permite sobrellevar las cristalizaciones históricas que se expresan a través de la diversidad de los sistemas éticos. La presencia de la filosofía en el mundo, en la universidad, expresa la conciencia de la importancia que tiene esa educación en la lucha contra los irracionalismos y las intolerancias emergentes. Para que pueda asegurar plenamente esa función, la enseñanza de la filosofía debe permanecer libre. La libertad académica y la libertad de enseñanza y de aprendizaje de la filosofía son condiciones necesarias para la educación filosófica.
Lo expuesto, hace evidente el papel y función que juega nuestra disciplina y en general las humanidades, en un sistema que pone énfasis en habilidades concretas para hacer cosas y no tanto en la formación de seres humanos, ciudadanos. Ya el viejo Sócrates había expresado que una vida sin reflexión, sin crítica, sin filosofía no valía la pena ser vivida, sabemos las consecuencias de dicha decisión.
El camino de la filosofía ha sido largo y ha acompañado a la humanidad en cada encrucijada histórica, su actitud siempre ha sido la admiración, la duda, el desacuerdo, la discrepancia frente al estado de cosas que guarda el mundo. Así nos lo refiere uno de nuestros filósofos más representativos de nuestro país, Luis Villoro [2003:70]:

La filosofía surge de la perplejidad ante el mundo que nos rodea y de la duda ante todo conocimiento que pretenda comprenderlo. Su condición no es la seguridad que dan nuestras ciencias, sino la insatisfacción que incita a la interrogación permanente, y es esa inseguridad la única que puede conducir a creencias fundadas.

En esa medida, la Filosofía nos permite tener una mayor conciencia del mundo en que vivimos y nos proporciona elementos para comprenderlo y para orientarnos en él.  Pero también para prestar atención y contribuir a la discusión pública de los problemas actuales que nos aquejan, pensar las problemáticas, nos posibilita revelar nuestra naturaleza y nuestro lugar en el mundo, el cómo nos comprendemos dentro de una cultura, de un grupo, de una comunidad y las perspectivas que tenemos dentro de ellas.  Por eso, el compromiso de la filosofía no es un asunto de decisión personal, así lo expresa Jacques Derrida, “al hacer filosofía uno se compromete con el esfuerzo de tener en cuenta a su tiempo”.













Referencias

Altbach, Philip G., Liz Reisberg y Laura E. Rumbley. 2009. Tras la pista de una revolución académica: Informe sobre las tendencias actuales. Resumen       para la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior organizada por la UNESCO en 2009. París: UNESCO.

De Vries, Wietse. “El contexto internacional de las políticas de educación superior en México durante los años noventa: Reformas en evaluación y financiamiento” en A. Acosta (coord.)1999. Historias paralelas, un cuarto de siglo de las universidades públicas en México, 1973-1998. México: UACJ.

Mateos Castro, José Antonio 2011. “Modernidad, posmodernidad y educación superior” en Romano Carmen y Jorge A. Fernández (Coord.). Filosofía y Educación. Perspectivas y propuestas. México: BUAP.

OCDE 2001. Seguimiento de las Reseñas de Políticas Educativas Nacionales: La Educación Superior en México. Internet http://pnd.calderon.presidencia.gob.mx/pdf/PND_2007-2012.pdf (Consultado el             6 de agosto de 2012)

UNESCO. 2011. La filosofía, una escuela de la libertad. Enseñanza de la filosofía y aprendizaje del filosofar: la situación actual y las perspectivas para el futuro. México: UNESCO/UAM-I.

Villoro, Luis, ¿para qué la filosofía? En Vargas Lozano, G., et. al. 2003 Día Internacional de la Filosofía. México: UNAM, 2003.





[1] Ensayo en imprenta en, José A. Mateos Castro, Ángel Xolocotzi Yáñez. Coord. (2012) Los bordes de la filosofía: Educación, humanidades y universidad. México, Editorial Itaca.
[2] Doctor en Filosofía, UNAM.
[3] La OCDE plantea la necesidad de promover el aprendizaje permanente en coherencia con otras políticas socio-económicas, que las universidades y otras instituciones de educación superior (IES) pueden jugar un papel importante en los sistemas de desarrollo de capital humano y de innovación (enseñanza y el aprendizaje en el desarrollo del capital humano), que las IES pueden ayudar a las regiones a ser más innovadoras y globalmente competitivas (tanto con la investigación de las IES a la innovación regional como en la construcción de capacidades regionales para actuar en una economía global cada vez más competitiva
[4] Sustentan una concepción caracterizada por la subordinación de la educación superior a las necesidades de la economía, del mercado laboral, de la sociedad del conocimiento.
[5] El referente de este nuevo contexto son los gobiernos liderados por las naciones más desarrolladas del mundo, que representan los intereses propios y los de las compañías multinacionales. De este gobierno, se desprende una estructura ejecutiva con organismos que operan en los diversos ámbitos; así se tiene que en el orden económico los órganos rectores del gobierno global son el Banco Mundial (BM), El Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización Mundial de Comercio (OMC), que inciden en la políticas educativas de nuestro país.
[6] Al respecto el Plan Nacional de Desarrollo (Visión 2030) expresa los siguiente con respecto de sus objetivos, estrategias y metas;  10) Consolidar el perfil y desempeño del personal académico y extender las prácticas de evaluación y acreditación para mejorar la calidad de los programas de educación superior; 11) 12) Se trabajará para articular un sistema nacional de evaluación, acreditación y certificación, con el fin de fortalecer las prácticas de autoevaluación, evaluación externa de pares, acreditación formal y exámenes nacionales estandarizados a los egresados, las cuales son efectuadas por instancias como los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES) y el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVAL), entre otros; 13) Crear y fortalecer las instancias institucionales y los mecanismos para articular, de manera coherente, la oferta educativa, las vocaciones y el desarrollo integral de los estudiantes, la demanda laboral y los imperativos del desarrollo regional y nacional. En esta tarea será necesario considerar, entre otros aspectos, las condiciones socioeconómicas, las aspiraciones y expectativas de los sectores sociales, así como las necesidades actuales y futuras de las economías regionales para configurar los perfiles de egreso y carreras a impartir.
[7] En el Plan Nacional de Desarrollo, el Estado se asume como el garante de que la educación superior responda a las necesidades económicas de las sociedades actuales, ya sea subordinando la política educativa a las necesidades del campo productivo y del mercado, ya sea preparando a los futuros universitarios para que se puedan insertar de la mejor manera en el campo laboral competitivo e incierto de las sociedades del conocimiento. En este contexto la evaluación se presenta como el medio fundamental para la mejora continua. Contribuir a extender y arraigar una cultura de la planeación, de la evaluación y de la mejora continua de la calidad educativa en las instituciones de educación superior, tanto públicas como particulares, a través de: Fomentar las prácticas de evaluación tanto del desempeño de los académicos y de los estudiantes, como de las instituciones de educación superior y de sus programas educativos; Aprovechar la función pedagógica de la evaluación para incidir en la superación del personal académico, en el aprendizaje de los estudiantes y en el mejoramiento de los programas; Promover la certificación de los procesos más importantes de administración y gestión de las instituciones de educación superior.


[8] Cfr. UNESCO. 2011. La filosofía, una escuela de la libertad. Enseñanza de la filosofía y aprendizaje del filosofar: la situación actual y las perspectivas para el futuro. México: UNESCO/UAM-I.

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