DOCUMENTO QUE COMPARTE EL DOCTOR MATHEOS
GRACIAS
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA FILOSOFÍA EN EL MARCO
DE LAS POLÍTICAS Y TENDENCIAS EDUCATIVAS ACTUALES[1]
José
Antonio Mateos Castro[2]
pastiche11@hotmail.com
Creo que en la sociedad actual nos
falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede
no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer
objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me
parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte'.
José Saramago
Las transformaciones en la Educación
Superior, a nivel Internacional como en México, tienen un trasfondo en el que convergen
un conjunto de elementos que condicionan con fuerza tanto interna como externamente.
Nuestras sociedades se complejizan y requieren de instituciones que contribuyan
al manejo de diversas situaciones que tornan difíciles los escenarios presentes
y, seguramente futuros. Fenómenos mundiales como la globalización, las crisis
económicas, los problemas ambientales y la incesante emergencia de innovaciones
tecnológicas, que al mismo tiempo que facilitan la vida y potencializan la
interacción humana, producen contradicciones a nivel individual y colectivo.
Tales
circunstancias del entorno internacional y
nacional, de manera concreta se reflejan en la educación superior con la apertura
del mercado laboral de servicios profesionales, así como las nuevas condiciones
internas a las que las instituciones de educación superior se ven sometidas,
planteando la necesidad de flexibilizar, expandir, mejorar y hacer compatible
el desarrollo de las instituciones entre sí y del sistema de educación superior
mexicano con el de otras realidades, con los nuevos requisitos y con los
tiempos negociados para el reconocimiento internacional de títulos y grados. Aspectos
que de una u otra manera ejercen presión en las reformas de la educación
superior desde los organismos financieros internacionales; imponiendo políticas
educativas, discursos e imaginarios sobre la excelencia, la calidad, la productividad,
la eficiencia, el éxito, la competitividad, que más de las veces se les
considera como atributos ontológicamente necesarios
de la educación.
A partir de los años noventa se enfatizan
las prácticas de planeación, evaluación, certificación y acreditación, practicas
que siguen presentes en la vida de las Instituciones de Educación Superior de
nuestro país. Estas son una de las razones por las cuales hoy intervienen en la
educación organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económicos (OCD)[3],
el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)[4],
entre otros, definiendo el telos y
las prácticas de la educación en todos los niveles. Es así, que la educación
superior mexicana opera en un nuevo escenario de competencia mundial, que es
más visible en el marco de los tratados comerciales como el de Libre Comercio
de Norteamérica y la incorporación a organismos internacionales[5].
Dentro
de esta aldea y gobierno global, emerge una propuesta educativa mayormente pragmatista
que responde a un cambio fundamental de las sociedades capitalistas
postindustriales [Mateos, 2011: 27]: El “saber”, fundamentalmente el
conocimiento científico-técnico, aparte de ser mercantilizado, se convierte en
la principal fuerza de producción. Ante este hecho la concepción pragmatista de
la educación propone que la universidad abandone su concepción humanista y se
oriente a los principios y lógica del mercado (utilitarismo, ganancia,
pragmatismo) global.
Es por lo anterior que la evaluación[6]
en la educación superior será sustantivamente un elemento esencial de la
modernización de la economía en un Estado modernizador y evaluador. La visión
de la calidad de la Educación regulada desde los ejes del financiamiento y la
evaluación, son un fenómeno de preocupación global [De Vries, 1999], ya que
vincular evaluación y financiamiento somete a las IES a cumplir y mejorar
indicadores para adjudicarse recursos económicos combinado con elementos
punitivos a las instituciones que no cumplan con los criterios establecidos.
Esta visión empresarial de las políticas del Estado
evaluador[7]
configura a cada IES como un proceso de producción en donde la calidad de los
productos está ligada con la evaluación que permitan a las instituciones
conocer sistemáticamente los aciertos y desviaciones de su proyecto académico.
Con lo anterior, la acreditación de programas, la planeación estratégica y la
transparencia configura un nuevo régimen de gobierno del sistema de educación
superior, que ha perdido desde nuestro punto de vista, su dimensión y finalidad
esencial, a saber; mejorar aciertos y retroalimentar a las instituciones.
Este contexto provoca un proceso constante de
desgaste de las IES, modificando las tareas sustantivas que se le habían
adjudicado y tratando de conservar los principios de libertad de cátedra, investigación
y su labor social. Además de que se plantea la necesidad de reorientar a la
educación superior y la enseñanza de la filosofía en la universidad, ya que no
se puede eludir a responder a esta nueva política educativa.
La educación superior enfrenta entonces, el
desafío de fortalecer sus objetivos esenciales y de encontrar un equilibrio
entre lo que implica la inserción en la comunidad internacional y la atención a
las circunstancias propias; entre la búsqueda del conocimiento por sí mismo y
la atención a necesidades sociales; entre fomentar capacidades genéricas o
desarrollar conocimientos específicos; entre responder a demandas del empleador
o conservar sus tareas históricas. Para pensar el asunto, recuperamos lo que sustenta la UNESCO al
respecto.
Este
organismo internacional en la conferencia de 1998, afirma que la educación
superior no sólo es un elemento de la economía global, sino también es un bien público, un elemento de justicia
social. Ahí se señala la necesidad de renovar la
educación superior para que la sociedad, que sufre una profunda crisis de
valores, pueda trascender las
consideraciones meramente económicas y asumir dimensiones de moralidad. Es
por eso que también se asevera la pertinencia de formar ciudadanos que participen en la sociedad y estén abiertos al
mundo, y para promover el fortalecimiento de las capacidades y la consolidación
en un marco de justicia de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la
democracia y la paz, valores que muchas de las veces se dejan de lado en el
contexto de las competencias. Proporcionando así perspectivas críticas y
objetivas a fin de propiciar el debate sobre las opciones estratégicas y el fortalecimiento de enfoques humanistas.
Podemos decir que esta concepción humanista, propone
orientaciones generales para la educación superior, de las cuales rescatamos sólo
algunas: 1) Promoción del saber mediante
la investigación en los ámbitos de la ciencia, el arte y las humanidades y la
difusión de sus resultados. 2)
Orientación a largo plazo fundada en la pertinencia. La pertinencia de la
educación superior entonces debe evaluarse en términos de la adecuación entre
lo que la sociedad espera de las instituciones y lo que éstas hacen. Reforzando
así sus funciones de servicio a la sociedad.
Y 4) Métodos educativos innovadores:
pensamiento crítico y creatividad.
La propuesta concreta es formar estudiantes para transformarlos
en ciudadanos informados, provistos con sentido crítico y capaces de analizar
los problemas, buscar soluciones, aplicarlas y asumir responsabilidades
sociales. Para ello será necesario superar el mero dominio cognitivo de las
disciplinas, es decir, propiciar la
adquisición de conocimientos prácticos y aptitudes para la comunicación, el
análisis creativo y crítico, la reflexión independiente y el trabajo en equipos
en contextos multiculturales. La enseñanza de las normas relativas a los
derechos humanos y la educación sobre las necesidades de las comunidades del
mundo entero deberán quedar reflejadas en los planes de estudio de todas las
disciplinas, especialmente las que preparan para las actividades empresariales.
A la par de lo dicho, en el libro, La filosofía, una
escuela de la libertad. Enseñanza
de la filosofía y aprendizaje del filosofar: la situación actual y las perspectivas
para el futuro[8].
En él podemos encontrar también algunas respuestas con respecto al papel de la
filosofía en la sociedad contemporánea.
En el texto se considera que una disciplina clave de las
ciencias humanas es la filosofía, ya que ella se encontraría en el cruce de
caminos del devenir de los individuos. Porque más allá de un saber, se trata de
un «saber ser». La educación filosófica, con su carga formativa, puede ser
abierta y eficaz solo cuando se nutra de los debates en curso que reflejan los
problemas siempre nuevos que se plantean a nuestras culturas, y enseña a los
alumnos a confrontarse con una diversidad de enfoques y posiciones teóricas. En
ese sentido, la actualización de los contenidos de la enseñanza es una
condición necesaria para que la formación filosófica no se reduzca a una suma
de preceptos morales o de nociones históricas. Una filosofía que se encierra en
sus propios claustros, no tiene nada que decir a los estudiantes de otras
facultades, es una filosofía debilitada que perderá el lugar que ocupa en los
planes de estudio, la universidad y, sobre todo, en la sociedad.
Porque cuando la filosofía es reducida al aprendizaje
doctrinario, independientemente de la calidad de los contenidos, se transforma
inevitablemente en el vector de un dogmatismo más o menos declarado, que
traiciona la esencia misma de la filosofía, que es la de poner en cuestión lo
dado, lo supuesto, lo establecido. No obstante, la índole epistémica de la
filosofía, su función esencial que consiste en extrapolar estructuras teóricas subyacentes
a los objetos culturales, saca su vitalidad del hecho de afrontar los problemas
concretos de la vida de las personas y de las sociedades. La educación para la ciudadanía que ofrece la filosofía ayuda a
afrontar todas las situaciones que exigen recurrir a una jerarquía de valores.
La toma de conciencia de la naturaleza de nuestras elecciones, la capacidad de
modelar nuestras acciones según una ley moral y, por ende, de asumir a cada
instante una responsabilidad humana y ciudadana, todo ello es el resultado de
una educación basada en la enseñanza de la filosofía. De esta manera la
filosofía ayuda a los individuos a comprender la complejidad de la experiencia
humana.
La educación filosófica enseñanza a aprender
a comprender el sentido múltiple de la acción humana, poniendo así al individuo
en condiciones de juzgarla no sólo por reacción ante los efectos que produce, sino,
también y sobre todo, en el contexto de una dinámica intersubjetiva más amplia,
en la que cada individuo no es más que un actor entre muchos otros. La enseñanza de la filosofía encuentra su
razón de ser en la liberación de la subjetividad de sus determinaciones
particulares, esto es, en la capacidad de abrirse a los demás y transformar un
choque entre finitudes cerradas en una interacción racional y abierta. Esa educación en el pensamiento crítico
desempeña un papel esencial en la organización democrática de las sociedades
contemporáneas, que no es otra cosa que
la protección de la racionalidad.
Por lo dicho, consideramos que la enseñanza
de la filosofía no se puede evaluar solo en función de los imperativos
históricos que pueden identificarse en un determinado proceso en curso. También
cumple con su función en las formas de pensamiento que inspira, mediante las
cuales nos enseña en términos de modalidades de análisis y de elaboración de
nuestra experiencia de vida.
La
educación filosófica es siempre una crítica de las culturas.
Cuando se pone al servicio de la libertad, no se propone reemplazar unos contenidos
éticos, culturales o políticos por otros, sino que ofrece una crítica
focalizada y radical de todo corpus cerrado de creencias, de preceptos o de
dogmas. Cuando una enseñanza filosófica se reduce a un adoctrinamiento ético,
traiciona entonces su función liberadora. Por ello, la enseñanza de la
filosofía sigue siendo el campo decisivo de una batalla entre saber formal,
con la moralidad libre y abierta que lo acompaña, y saber dogmático,
acompañado por un moralismo autoritario. La formación en la filosofía no puede
tener otro objetivo que el de una «emancipación que libere del saber ilusorio»
y una crítica de ese mismo saber.
La filosofía, nos enseña de algún modo un
lenguaje racional universal, que permite sobrellevar las cristalizaciones históricas
que se expresan a través de la diversidad de los sistemas éticos. La presencia
de la filosofía en el mundo, en la universidad, expresa la conciencia de la
importancia que tiene esa educación en la lucha contra los irracionalismos y
las intolerancias emergentes. Para que pueda asegurar plenamente esa función, la enseñanza de la filosofía debe permanecer
libre. La libertad académica y la libertad de enseñanza y de aprendizaje de la
filosofía son condiciones necesarias para la educación filosófica.
Lo
expuesto, hace evidente el papel y función que juega nuestra disciplina y en
general las humanidades, en un sistema que pone énfasis en habilidades
concretas para hacer cosas y no tanto en la formación de seres humanos,
ciudadanos. Ya el viejo Sócrates había expresado que una vida sin reflexión,
sin crítica, sin filosofía no valía la pena ser vivida, sabemos las
consecuencias de dicha decisión.
El
camino de la filosofía ha sido largo y ha acompañado a la humanidad en cada
encrucijada histórica, su actitud siempre ha sido la admiración, la duda, el
desacuerdo, la discrepancia frente al estado de cosas que guarda el mundo. Así
nos lo refiere uno de nuestros filósofos más representativos de nuestro país,
Luis Villoro [2003:70]:
La filosofía surge de
la perplejidad ante el mundo que nos rodea y de la duda ante todo conocimiento
que pretenda comprenderlo. Su condición no es la seguridad que dan nuestras
ciencias, sino la insatisfacción que incita a la interrogación permanente, y es
esa inseguridad la única que puede conducir a creencias fundadas.
En
esa medida, la Filosofía
nos permite tener una mayor conciencia del mundo en que vivimos y nos
proporciona elementos para comprenderlo y para orientarnos en él. Pero también para prestar atención y
contribuir a la discusión pública de los problemas actuales que nos aquejan,
pensar las problemáticas, nos posibilita revelar nuestra naturaleza y nuestro
lugar en el mundo, el cómo nos comprendemos dentro de una cultura, de un grupo,
de una comunidad y las perspectivas que tenemos dentro de ellas. Por eso, el compromiso de la filosofía no es
un asunto de decisión personal, así lo expresa Jacques Derrida, “al hacer
filosofía uno se compromete con el esfuerzo de tener en cuenta a su tiempo”.
Referencias
Altbach, Philip G., Liz Reisberg y
Laura E. Rumbley. 2009. Tras la pista de
una revolución académica: Informe sobre las tendencias actuales. Resumen para la Conferencia Mundial sobre la
Educación Superior organizada por la UNESCO en 2009. París: UNESCO.
De Vries, Wietse.
“El contexto internacional de las políticas de educación superior en México
durante los años noventa: Reformas en evaluación y financiamiento” en A. Acosta
(coord.)1999. Historias paralelas, un
cuarto de siglo de las universidades públicas en México, 1973-1998. México:
UACJ.
Mateos Castro,
José Antonio 2011. “Modernidad, posmodernidad y educación superior” en Romano
Carmen y Jorge A. Fernández (Coord.). Filosofía y Educación. Perspectivas y
propuestas. México: BUAP.
OCDE 2001.
Seguimiento de las Reseñas de Políticas Educativas Nacionales: La Educación
Superior en México. Internet http://pnd.calderon.presidencia.gob.mx/pdf/PND_2007-2012.pdf (Consultado
el 6 de agosto de 2012)
UNESCO. 2011. La filosofía, una escuela de la libertad. Enseñanza de la filosofía y
aprendizaje del filosofar: la situación actual y las perspectivas para el
futuro. México: UNESCO/UAM-I.
Villoro,
Luis, ¿para qué la filosofía? En Vargas Lozano, G., et. al. 2003 Día Internacional de la Filosofía. México: UNAM, 2003.
[1] Ensayo en imprenta en, José A. Mateos
Castro, Ángel Xolocotzi Yáñez. Coord. (2012) Los bordes de la filosofía: Educación, humanidades y universidad.
México, Editorial Itaca.
[2] Doctor en Filosofía, UNAM.
[3] La OCDE plantea la necesidad de promover el
aprendizaje permanente en coherencia con otras políticas socio-económicas, que
las universidades y otras instituciones de educación superior (IES) pueden
jugar un papel importante en los sistemas de desarrollo de capital humano y de
innovación (enseñanza y el aprendizaje en el
desarrollo del capital humano), que las IES pueden ayudar a las regiones
a ser más innovadoras y globalmente competitivas
(tanto con la investigación de las IES a la innovación regional como en la construcción de capacidades regionales para actuar en
una economía global cada vez más competitiva
[4] Sustentan una concepción
caracterizada por la subordinación de la educación superior a las necesidades
de la economía, del mercado laboral, de la sociedad del conocimiento.
[5] El
referente de este nuevo contexto son los gobiernos liderados por las naciones
más desarrolladas del mundo, que representan los intereses propios y los de las
compañías multinacionales. De este gobierno, se desprende una estructura
ejecutiva con organismos que operan en los diversos ámbitos; así se tiene que
en el orden económico los órganos rectores del gobierno global son el Banco
Mundial (BM), El Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización Mundial de
Comercio (OMC), que inciden en la políticas educativas de nuestro país.
[6] Al respecto el Plan
Nacional de Desarrollo (Visión 2030) expresa los siguiente con respecto de sus
objetivos, estrategias y metas; 10)
Consolidar el perfil y desempeño del personal académico y extender las
prácticas de evaluación y acreditación para mejorar la calidad de los programas
de educación superior; 11) 12) Se trabajará para articular un sistema nacional
de evaluación, acreditación y certificación, con el fin de fortalecer las
prácticas de autoevaluación, evaluación externa de pares, acreditación formal y
exámenes nacionales estandarizados a los egresados, las cuales son efectuadas
por instancias como los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la
Educación Superior (CIEES), el Consejo para la Acreditación de la Educación
Superior (COPAES) y el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior
(CENEVAL), entre otros; 13) Crear y fortalecer las instancias institucionales y
los mecanismos para articular, de manera coherente, la oferta educativa, las
vocaciones y el desarrollo integral de los estudiantes, la demanda laboral y
los imperativos del desarrollo regional y nacional. En esta tarea será necesario
considerar, entre otros aspectos, las condiciones socioeconómicas, las
aspiraciones y expectativas de los sectores sociales, así como las necesidades
actuales y futuras de las economías regionales para configurar los perfiles de
egreso y carreras a impartir.
[7] En el Plan Nacional de Desarrollo,
el Estado se asume como el garante de que la educación superior responda a las
necesidades económicas de las sociedades actuales, ya sea subordinando la
política educativa a las necesidades del campo productivo y del mercado, ya sea
preparando a los futuros universitarios para que se puedan insertar de la mejor
manera en el campo laboral competitivo e incierto de las sociedades del
conocimiento. En este contexto la evaluación se presenta como el medio
fundamental para la mejora continua. Contribuir a extender y arraigar una
cultura de la planeación, de la evaluación y de la mejora continua de la
calidad educativa en las instituciones de educación superior, tanto públicas
como particulares, a través de: Fomentar las prácticas de evaluación tanto del
desempeño de los académicos y de los estudiantes, como de las instituciones de
educación superior y de sus programas educativos; Aprovechar la función
pedagógica de la evaluación para incidir en la superación del personal académico,
en el aprendizaje de los estudiantes y en el mejoramiento de los programas;
Promover la certificación de los procesos más importantes de administración y
gestión de las instituciones de educación superior.
[8] Cfr. UNESCO. 2011. La filosofía, una escuela de la libertad.
Enseñanza de la filosofía y aprendizaje del filosofar: la situación actual y
las perspectivas para el futuro. México:
UNESCO/UAM-I.
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